11 de marzo de 2010

Tu recuerdo




Lo primero que vi fue una imagen conocida de mi llanura cerebral. La recordaba árida, espinosa e inhóspita. Ahora, algo difería de aquella desapacible visión, me parecía ver algo nuevo, diferente. Algo cálido, agradable, pero casi imperceptible. Abandoné el resto de mis sentidos para sólo concentrarme en el visual, reenfoqué y comencé un lento scanneo por la corteza superficial…

Efectivamente mi mente había cambiado. A pesar de parecer la misma a simple vista, luego de observarla con detenimiento, minuciosidad y precisión podía notar que en varios de los huecos remarcados por hondas cicatrices había aparecido una delicada suavidad que luchaba por limar los ásperos bordes de sus precipicios. Pequeñas y delicadas formas ganaban terreno y modificaban mi masa encefálica, casi podía verlo mientras sucedía…

Una grata sensación de bienestar me invadió al percibirlo, una mueca de felicidad se dibujó en mi interior, casi la primera en mucho tiempo…

Dejé que la incipiente dicha me invadiera y me permití regocijarme en ella…

Y mientras flotaba en el mar de la tranquilidad, desde el horizonte más lejano comenzó a acercarse velozmente una catarata de minúsculas y breves imágenes, que al acercarse cobraban luz y color por un segundo, para luego de ese ínfimo descanso, seguir su camino hacia el extremo opuesto de mis cavidades oculares…

No podría asegurar cuánto duró la proyección, la sentí casi infinita pero al mismo tiempo sé que duró sólo unos instantes. Y cuando estaba por terminar la velocidad disminuyó de golpe, dejándome ver un fragmento clave de la película…

Y ahí estaba yo, antes. Tardé en reconocerme pero era yo. Yo hace un tiempo, un par de años atrás, todavía inmaculada. Me vi de espaldas. Mi vista, como si fuera la cámara, me ofrecía una visión cenital. Comencé a descender y a rodearme buscando mi rostro, mi pelo negro y largo lo cubría. Estaba cabizbaja, mirando el suelo. Bajé entonces la cámara para lograr un plano en contrapicada y así lograr verme. Acerqué el foco hasta un primerísimo primer plano y entonces mi ser pasado levantó la vista hacia la lente. Percibí su mirada sobre la mía, no observaba una cámara, me miraba a mí, ella sabía que yo estaba ahí, observándola…

Noté su gran desdicha, su corazón herido provocándole un inmenso pena. Intentaba transmitirme algo a través de la pantalla, algún conocimiento útil para mi vida, algo que ella sabía pero yo no podía recordar. Me esforcé por conectarme con ella, y poco a poco sentí que mi ser me abandonaba para atravesar la lente y fundirse con mi yo pasado. No sé cómo pasó pero de repente mi conciencia dio un salto temporal y me situé del otro lado de la proyección, ahora me veía a mí misma pero desde el otro extremo. Yo era la del recuerdo y la del otro extremo del film la del presente…

Entonces un remolino de dolor inundó mis sentidos, una infinita tristeza sacudió mi cuerpo como si una increíble ráfaga de viento golpeara un indefenso y solitario junco partiéndolo al instante con su fuerza. Rápidamente el recuerdo se hizo carne en mi persona, no desde la imagen ni la razón, sino desde el puro sentimiento. No tenía información sobre lo que me había destrozado de tal manera pero sí supe que era algo relacionado con los vínculos humanos. Lo supe en mis entrañas, como un conocimiento ya adquirido desde la experiencia vivida, no recordaba haberlo vivido pero sí sabía que lo había hecho…

Una alarma se encendió en ese momento, un presagio que intentaba advertirme sobre el peligro que implicaba relacionarme íntimamente con otros seres humanos. Sobre el enorme suplicio que ya había sufrido por el abandono de alguien muy amado…

Cerré los ojos ahogada por la angustia que estaba experimentando, cuando sentí que una mano agarraba mi brazo y me arrastraba violentamente. Atiné a abrir mis párpados para ver lo que estaba sucediendo y me encontré con el rostro desencajado y asustado de Marcelo…


Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Tu recuerdo – Ricky Martin feat. La Mari

8 de marzo de 2010

El descubrimiento



Afortunadamente el destino terminó rápido su oscura broma y Marcelo se recuperó enseguida. Según los médicos sufrió una descompensación fruto de una fuerte emoción provocada probablemente por un disgusto sorpresivo y repentino. Se quedó unas horas para los exámenes y chequeos de rutina y pronto fue dado de alta…

Lo llevé a la casa, lo obligué a descansar y lo dejé durmiendo. Salí a caminar un rato para despejarme e intentar darle algún orden a mis anárquicas ideas…

Fui –instintivamente y sin notarlo- directamente hacia la playa, caminé sin rumbo fijo durante mucho tiempo absorta en mis pensamientos, perdí por completo la noción tiempo y espacio y de golpe me encontré en un desconocido e inhóspito lugar, rodeada de árboles que daban comienzo a un extraño bosque. Repentinamente un escalofrío recorrió mi espalda mientras casi instantáneamente un horrible sonido llegaba a mis oídos provocando que en mis entrañas naciera y creciera en forma simultánea un profundo y espantoso temor que invadió mi existencia en pocos segundos…

Sin detenerme a reflexionar, giré sobre mis pies y comencé a correr huyendo de aquel desagradable sitio. Fue entonces cuando me percaté de la gran distancia que acababa de recorrer, recordé que había dejado solo a Marcelo y aceleré mi carrera…

Varios minutos después, llegué agotada a mi casa para descubrir que Marcelo continuaba durmiendo en forma absolutamente imperturbable. Me senté a recuperar el oxígeno y sentí la urgente necesidad de recurrir a alguien…

Una vez recuperada, emprendí el camino que me separaba de la casa de Soledad…

Al llegar ella estaba preparándose una infusión y al verme sonrió, mientras se acercaba a abrazarme…

-Cómo estás? Qué pasó? Está bien? –me preguntó.

La miré un poco aturdida y fue entonces cuando un flash atravesó mi mente con la imágenes de todo que había pasado aquella noche. El sexo interrumpido, el desmayo de Marcelo, la visita urgente al hospital, la espera y la caminata. Soledad no sabía nada desde la interrupción a nuestro coito…

-Sí, sí, está bien, está en mi casa descansando. No fue nada –le respondí agitada.
-Y vos, cómo estás con todo esto?
-No sé, un poco desorientada aún, no entiendo mucho. No sé por qué le pasó eso?
-A ver si te puedo ayudar, vení, sentémonos acá, te preparo algo y me contás todo.

Desde que conocí a Soledad, estuve absorta con el descubrimiento de su mundo literario primero y luego con nuestro universo sensorial. Nunca –mas allá de narrarle algunas cosas de mi accidente- le había contado nada sobre Marcelo, por ende ella no sabía nada sobre él. Le expliqué todo lo relacionado a nuestra relación, le conté sobre las numerosas veces que me ayudó y como sucedieron las cosas durante el último año. Le dije también que yo me había olvidado completamente que aquella noche se cumplía un año exacto de mi accidente y que seguramente él había venido desde Buenos Aires a sorprenderme y a festejar mi recuperación.

-Bueno, es lógico que habiendo llegado con la idea de sorprenderte, el haberte encontrado con la cabeza entre las piernas de otra mujer lo haya sorprendido a él, más cuando desconocía mi existencia y te suponía sola. Eso explica una fuerte emoción provocada por la sorpresa, no sé si tanto como para desmayarse pero sí seguro fue algo fuerte para él. –me dijo.
-Sí, pero justamente lo que no entiendo es por qué el desmayo, la conmoción? –le pregunté.
-No sé, no lo conozco como para saber sus creencias, sus ideas sobre la vida y las relaciones humanas. Por lo que me contaste evidentemente tiene buen corazón y se interesa por las personas, por lo menos por tu persona. Pero quizás no comparta la idea que dos mujeres estén juntas, quizás es religioso y le repugna tanto la idea que ver algo así le causó el shock.
-Sí –le respondí dudando- es una posibilidad, aunque la verdad es que nunca me dijo nada ni noté nada que me haga sospechar que piensa así, no sé, no estoy segura.
-También puede ser que sienta algo por vos, no lo pensaste? –me preguntó.
-Qué?!! –contesté sobresaltada.
-Es algo muy posible, vos sos una mujer hermosa, él es un hombre y te encontró en un momento de gran debilidad, te ayudó, te protegió y te respaldó para que pudieras ir reencontrándote con vos misma, es muy probable que todo eso le haya despertado sentimientos diferentes a la amistad hacia vos.
-No, no, no creo que sea eso tampoco. Nunca me dijo nada.
-Pero, no te das cuenta que no es necesario que te dijera algo para que eso pase. Muchos hombres son tímidos o se sienten inseguros para decirlo, o quizás tienen miedo de que al decirlo la otra persona no sienta lo mismo y pierdan el lazo que los une, que si bien no es el que desean, al menos es el que les permite está cerca dela persona que aman.
-No, no, me niego a pensar eso –le grité violentamente mientras me incorporaba yéndome hacia la puerta.
-Esperá, no te vayas, calmáte –me pidió.

Pero yo ya no oía nada, nuevamente la cabeza me daba vueltas y un sordo aturdimiento se apoderaba de todos mis sentidos. Alcancé a salir a la calle antes de que una inmensa oscuridad cubriera velozmente mi visión primero y luego mi conciencia…




Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): El descubrimiento – Palo Dulce

5 de febrero de 2010

Destiny



Cuando mi recorrido visual desembocó en una naturaleza muerta, dominada por un gran jarrón dorado del que brotaban girasoles amarrillos en el centro de un paisaje estival del gastado almanaque 1998 que intentaba promocionar los productos de la despensa local, bajé la vista hasta la primera y pequeña hoja blanca, que con grandes letras rojas recordaba a quién las viese que era el día 28 del mes que los caracteres negros afirmaban que se llamaba julio, y luego del pequeño fragmento de tiempo que me llevó entender lo que eso significaba, mi corazón dio un vuelco…

Sentí el ritmo creciente de mis palpitaciones mientras un torbellino de culpa arrasaba con mi novel y frágil conciencia al darme cuenta el significado de esa fecha. Un 28 de julio pero de 1997 moría mi antiguo ser al estrellarse violentamente contra un sólido muro de concreto. Y de no ser por el hombre que estaba inconsciente en una camilla de hospital, quizás no hubiera renacido en esta nueva forma egoísta y lunática que me había arrastrado hasta acá…

Ironías del destino o no, hace un año Marcelo aguardaba por mí en una sala de espera, ahora la situación se había revertido por completo y cada uno ocupó el lugar del otro…

Él esperó 25 días a que yo despertara, cuánto debería aguardar yo?...


Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Destiny – Tenacious D

2 de febrero de 2010

Ambulance


El cuerpo de Marcelo yacía inerte en la entrada de la casa…

Mi mente recibió una vertiginosa sucesión de imágenes confusas y nebulosas, y sentí que todo comenzaba a dar vuelta a alrededor mío…

Creí estar a punto de desvanecerme cuando percibí los brazos de Soledad sosteniéndome y vi su rostro difuso hablándome en forma desesperada. Nuevamente no podía oír los sonidos que brotaban de su boca y el ruido sordo que rodeaba la atmósfera aumentaba mi sensación de náuseas…

Lentamente empezó a llegarme su voz, como si viniera del otro lado del océano y la marea la empujara hasta la orilla de mi percepción. Primero la escuché como un mínimo murmullo, del que no podía sacar nada en claro…

-Luna, Luna –pude entender finalmente sus palabras mientras me sacudía desesperadamente.
-Sí, ya estoy bien –atiné a responderle.
-Hay que ayudar a este hombre, lo conocés?
-Sí, sí, es un amigo. Qué le pasó?
-No sé, parece que se desmayó al entrar y vernos!! Hay que pedir ayuda.
-Andá a buscar a alguien y pedile que llame a una ambulancia, yo me ocupo de él –respondí nerviosa al tomar conciencia de la situación.

Allí, frente a mis ojos, la persona que prácticamente me había salvado de la muerte, se encontraba tendida e inconciente. Una explosión de pensamientos se adueñó de mi cerebro y una vez más debí luchar con mis sentidos para dominarme. Esta vez lo logré rápidamente y me arrojé sobre el cuerpo inmóvil de Marcelo. Comprobé su pulso y respiré aliviada al encontrarlo, tomé su rostro e intenté reanimarlo. Me dediqué por completo a su auxilio sin lograr reanimarlo…

Unos minutos después (creo) regresó Soledad y luego oí la sirena de una ambulancia. Llegaron los médicos y lo subieron velozmente a una camilla para trasladarlo al vehículo. Pedí acompañarlos y me despedí momentáneamente de Soledad…

Una vez en el hospital, lo llevaron a emergencias y perdí todo contacto con él. Tuve que quedarme en la sala de espera y no tardé en sumergirme en mi mar de pensamientos. Recordé la primera vez que abrí los ojos y ahí estaba, la primera figura humana de mi vida, alerta a mi frágil condición. Todos los cuidados y ayudas que me fue brindando durante mi recuperación física primero, luego económicamente, y claro, el hogar que me cobijaba actualmente…

Reflexioné un rato más, tomando conciencia de la importancia que este hombre había ido adquiriendo en mi vida y me di cuenta que yo había aceptado todo su apoyo sin devolverle nada a cambio. Fue entonces cuando salí de mi abstracción y comencé a observar el lugar donde me hallaba. Vi la recepción de la guardia de emergencias, las filas de sillas para familiares y/o amigos en la que yo misma estaba, el largo pasillo que desembocaba en una puerta vaivén dónde había desaparecido la camilla con el cuerpo de Marcelo y finalmente me topé con algo en una de las paredes que me hizo dar clara cuenta de todo lo que acababa de suceder…


Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Ambulance  – Blur

27 de enero de 2010

Surprise, surprise



-Hola Luna, traje el postre –me dijo Soledad cuando llegó a mi casa para la cena que habíamos programado.
-Dejálo por ahí –le respondí mientras ultimaba los detalles de la comida.


Dejó el paquete a mi lado y me rodeó con sus brazos besando simultáneamente mi cuello, giré mi cabeza y le devolví un prolongado y suave beso. Terminé de preparar la ensalada que acompañaría el pollo a la pimienta y nos sentamos a disfrutar…


Comimos muy lentamente mientras conversábamos sobre el último libro que me había prestado, luego –sabiendo la pasión que me despertaba conocer sus recuerdos, seguramente alimentada por mi propia incapacidad de rememorar los míos- me contó nuevos detalles sobre su vida. Salimos a la puerta a comer el postre, la noche empezaba a reinar y se podía percibir como la claridad lunar iba envolviendo el paisaje costero. Interrumpíamos la charla frecuentemente para intercambiar apasionados besos y múltiples caricias hasta que el deseo se tornó insostenible y entramos a la habitación para liberar el torrente sexual que invadía nuestros cuerpos…


Permanecimos aisladas del mundo exterior intensamente ocupadas en exacerbar las infinitas sensaciones que se desarrollaban en nuestro universo durante un impreciso y largo período en el que las cosas perdieron su forma frente a las múltiples figuras que dibujaban los dedos ajenos en el contorno humano del otro…


De repente me pareció oír algo, pero como mis sentidos se encontraban exaltados y esclavos del placer que recibían no llegué a distinguir con claridad que clase de sonido era el que llegaba a la puerta de mi obnubilado inconsciente, como consecuencia continué ensimismada en el juego amoroso…


Mientras me zambullía por completo en la íntima humedad de mi amante, un nuevo estruendo llegó a mis oídos, pero esta vez con la potente claridad de un rayo de luz que irrumpe abruptamente en la más completa oscuridad. Levanté la vista sobresaltada y tuve que forzar a mi mente para que aceptara la realidad que mis ojos le transmitían inexorablemente…



Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Surprise, surprise – The Rolling Stones

15 de enero de 2010

Sexo



El sexo era algo en lo que no había pensado desde el accidente…

Estuve tan ocupada en ir readaptándome a la sociedad e intentar la recuperación de los fragmentos de mi identidad, que mi mente y mi ser se abocaron por completo a esas tareas ignorando cualquier otra distracción que me desviara del objetivo…

Hasta esa noche, no había tenido ningún estímulo que provocara alguna sensación erótica en mi cuerpo, ni había reflexionado sobre mi absoluta falta de deseo sexual, simplemente fui recorriendo el camino de mi reconstrucción sin toparme con mi sexualidad…

Pero mi sexualidad se topó conmigo…

Debo reconocer que fue un encuentro totalmente sorpresivo y completamente placentero, pero me despertó algunas dudas. Desconocía mi inclinación sexual previa, ni siquiera podía saber si había tenido sexo con alguien hasta ahora, así que encontrarme debutando en una playa y con una mujer fue absolutamente inesperado. Pero como mi única certeza era la imperiosa necesidad de descubrirme y estar abierta a todo el aprendizaje que la vida pudiera darme, decidí entregarme a esta experiencia y ver hacia dónde me llevaba…

Veía a Soledad casi a diario, seguimos compartiendo las pasiones literarias perfeccionadas ahora por la suma de las corporales y alcancé un estado de comunión entre mis experiencias místicas individuales y mis compartidos encuentros carnales que creí que no podía esperar más…

Fue entonces cuando la vida me preparaba otra lección…


Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Sexo – La Portuaria

25 de septiembre de 2009

Capítulo 68



Continué visitando a Soledad, cada vez con mayor frecuencia y fuimos compartiendo muchas noches a la orilla del mar, en las que nos hundimos en largos debates sociológicos y culturales. Devoré todos los libros que me prestaba con un apetito voraz. Luego hablábamos horas sobre tal o cual personaje, opinábamos y discutíamos cada acción/decisión del mismo, planteábamos diferentes escenarios posibles para determinados conflictos que pudieran o no, desembocar en finales alternativos. Ella aportaba todo su bagaje literario y cultural absorbido durante años de lectura y aprendizaje y yo, el desconocimiento y la inocencia de un recién nacido maravillado por el descubrimiento de un nuevo lenguaje, de un universo inédito y desconocido. Así, cuando ella señalaba un concepto fundado en siglos de cultura humana transmitida a través de instituciones educativas orientadas específicamente hacia algún fin predeterminado, yo remarcaba una visión virgen y fresca, libre de la contaminación académica y corporativa, causando un descomunal choque pedagógico y filosófico que enriquecía a cada una aportando lo que en mi caso faltaba y en el suyo estaba enterrado por la maquinaria social…

Como consecuencia, nació y creció entre nosotras un profundo lazo de amistad intelectual que procurábamos alimentar diariamente. Ambas proponíamos cenas, paseos y cualquier actividad que justificara nuestro encuentro…

La impresión inicial que me causó semanas atrás al sorprenderme en la playa, se reforzó e incrementó de tal manera que fui descubriendo sensaciones ocultas en la profundidad de mi ser. En cada ocasión previa a verla, me invadía una intensa excitación que se manifestaba a través del incremento de mis palpitaciones y de un anormal estado de ansiedad…

Comenzamos la lectura compartida de la bellísima obra de Julio Cortázar, Rayuela. Cada noche nos sentábamos en la arena y leíamos alternadamente y en voz alta el atrapante laberinto creado por el cronopio franco-argentino. Me maravillé con sus descripciones, con sus personajes, con sus mágicos planteos, con sus increíbles paisajes parisinos, con sus atmósferas rioplatenses, pero sobre todo me sentí sobrecogida con el clima que me transmitían sus palabras pronunciadas por la dulce voz de Soledad. La intimidad creada en nuestras lecto-ceremonias (permitanme la expresión) fue aumentando noche tras noche hasta que al llegar al clímax en el capítulo 68:

- Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios.



El idioma gíglico creado por Cortázar para describir el encuentro sexual entre dos amantes, cargado de un erotismo olvidado por mi endeble memoria, empezó a quemarme y provocó que un torrente de lujuria se apoderada de mis sentidos…


- Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa.

Seguramente Soledad, quien ya había demostrado una profunda capacidad de observación, percibió mi inusual estado y endulzando aún más su voz e inculcándole una sensualidad inusitada, se fue acercando hasta estar a centímetros de mi boca. Sentí un fortísimo deseo de besarla y apenas pude contener mi impulso, pero inmediatamente después de mi pensamiento, ella concluyó la lectura

- ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

y al mismo tiempo que dejaba caer el libro sobre la arena, se abalanzó decidida sobre mí, posando sus labios sobre los míos y provocándome una descarga eléctrica interna que jamás había sentido (o por lo menos no recordaba haberlo hecho)…



Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Capítulo 68 – Julio Cortázar

18 de septiembre de 2009

Tazas de té chino


La aparición de Soledad me dejó entre sorprendida y anonadada. Cruzamos pocas palabras, pero suficientes para que causaran en mí una profunda impresión. Me quedé un rato más recostada en la arena, pensando en lo que acababa de suceder…



En el casi año que había transcurrido desde mi accidente, apenas me había detenido a pensar en mi persona en relación a los otros. Si era interesante o inteligente, o si algo de mí destacaba ante la vista de los demás, nunca me interesó, sólo tuve tiempo para observarme a mí misma, primero ocupada en odiarme por lo que me había pasado, luego buscando un camino hacia mis recuerdos olvidados y ahora encerrándome en la mayor soledad posible. Ni siquiera la presencia de Marcelo me había hecho salir de mi auto-encierro, no me interesaba más que mi propia opinión de mí misma…



Pero ahora, una desconocida, tomándome desprotegida y por sorpresa, había logrado sacarme de ese lugar. Notaba en mí algo distinto, sus palabras me importaban, me hacían sentir bien. Una sensación sumamente agradable surgió en mi interior…



Al día siguiente, su invitación a visitarla todavía resonaba en mis oídos, pero no sabía como actuar en consecuencia. Pensaba que si iba ese mismo día iba a dar la impresión de estar desesperada por hablar con alguien y ser una molestia, pero si dejaba pasar mucho tiempo parecería una desinteresada. Quedé trabada en mis indecisiones, incapaz de tomar la iniciativa…



Frustrada, pensé en salir cada noche en la misma dirección que el día del encuentro y así provocar otro tropiezo “casual”. Lo intenté tres o cuatro veces y fracasé en cada ocasión, mientras tanto mi ansiedad por verla crecía y me turbaba. No entendía bien que sucedía conmigo…



Finalmente, opté por lo más simple (algo que seguramente debería haber hecho desde un principio) y juntando coraje fui hacia su casa…



Llegué cuando el sol estaba a punto de desaparecer por completo. No fue difícil encontrar su hogar, ya que era la única construcción en varios metros a la redonda. Era una vivienda simple pero muy agradable y cómoda. Ella estaba sentada en el umbral, leyendo un libro...



Al verme llegar, sonrió y me dijo:



-Hola, pensé que no ibas a venir nunca!



No pude disimular un creciente rubor en mis mejillas fruto de una timidez desconocida.



-Es que estuve ocupada y no pude venir antes –mentí.
-No importa, no te lo dije a modo de reproche, es que tenía ganas de verte y los días pasaban muy lentamente.
-Perdoname.
-Basta, basta, no hay nada que perdonar. Vení, pasemos. Querés comer algo, tomar tal vez?
-No, no, no quiero molestarte.
-Dejate de pavadas, te dije que tenía muchas ganas de verte así que es obvio que no me molestás en lo más mínimo, al contrario. Entonces dejá de disculparte por todo y sentite completamente libre de ser y decir lo que quieras. Te pregunto de nuevo, querés algo?
-Bueno, un té? Algo así?
-Ja ja, dale un té.



Entramos, Soledad fue a preparar el té y yo me senté en un sillón frente a un ventanal contemplando el mar (su casa era bastante más grande que la mía)…



-Qué estabas leyendo? –le pregunté.
-Un libro nuevo que me costó bastante conseguir, es de un escritor japonés.
-Y cómo se llama?
-“Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” de Haruki Murakami. Yo soy escritora y hace un tiempo un amigo me hizo llegar otra novela suya que se llama Tokio Blues, me encantó y me hizo descubrir una literatura completamente diferente. Obviamente me apasioné y empecé a devorar todo lo que podía caer en mis manos, proveniente de esta maravillosa cultura. Pude leer a Mishima, Yoshimoto y Kawabata, pero lamentablemente es bastante difícil conseguir sus libros, la mayoría los tuve que traer de afuera, pero cada palabra escrita por ellos vale el esfuerzo. Creo que tengo alguno por acá, a ver…



Salió de mi campo visual en dirección a otra habitación y regresó con otro libro en sus manos…



-Tomá –me dijo- este es Kitchen de Banana Yoshimoto, léelo que es hermoso y además es una excelente introducción al universo literario japonés, si te gusta después puedo prestarte otros.
-Gracias –respondí un poco apabullada ante tanta información.



Así comenzó, tal como me había anticipado Soledad, mi descubrimiento de la apasionante cultura oriental…




Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Tazas de té chino – Don Cornelio y la Zona

11 de septiembre de 2009

Yo ya te conozco



Un anochecer, salí a caminar por la playa. Transité la sinuosa orilla dejando que el ir y venir del agua marítima salpicara mis pies, hasta que llegué a un inmenso sector en el que no se divisaban ni médanos ni arbustos, sólo la arena inagotable. Me instalé para apreciar la ilimitada visión del oscuro océano, tenuamente iluminado por mi homónimo satélite. Cerré mis ojos y me recosté…

Me encontraba viajando por mi torbellino cerebral en el momento en que de repente una voz desconocida me arrastró a la realidad…

-Hola –me dijo una mujer parada frente a mí- perdoname si te asusté, no era mi intención y no me di cuenta que estabas tan ensimismada en tus reflexiones.
-No hay problema –contesté mientras trataba de disminuir la velocidad de mis aterradas pulsaciones.
-Yo vivo unos metros más allá, atrás del médano y suelo salir a dar una vuelta por la playa a esta hora, jamás encuentro a nadie y me sorprendió verte, por eso te molesté, espero que me disculpes.
-No, no hay nada que disculpar, hiciste bien, yo también salgo por la noche a caminar pero habitualmente no me alejo demasiado y en general tomo otra dirección, quizás por eso nunca nos habíamos visto.
-Seguramente, te molesta que me siente?
-Para nada.

Vestía una larga pollera y un suéter de lana. Llevaba un cuaderno en sus manos y al sentarse dobló sus largas piernas apoyándolo sobre sus rodillas…

-Hoy está más oscuro que de costumbre, la luna casi no ilumina –me dijo mientras miraba el horizonte.
-Sí, yo también lo noté. Además el mar está más revuelto y parece que estuviera agitándose sobre sus entrañas como queriendo devorar cualquier intruso que osara violar su intimidad.
-Ja ja ja –rió con ganas mientras me miraba asombrada- me encantó!! Que definición tan maravillosa.
-Gracias –dije tímidamente- fue lo primero que observé al llegar.
-Sos muy observadora entonces.
-Puede ser.
-Hace mucho que vivís acá?
-No, llegué hace unas semanas.
-Ah y dónde queda tu casa?
-A unos 800 metros para allá –contesté mientras señalaba el camino hacia mi hogar- y a un par de cuadras de la playa.
-Y te gusta el lugar?
-Sí, me fascina.
-Suele producir ese efecto en la gente interesante.
-Qué? Porqué en la gente interesante?
-Por interesante, me refiero a los que tienen una capacidad de observación más allá de la media, como me demostraste antes. Capacidad que revela un espíritu apasionado y anhelante de nuevas experiencias, que siempre está alerta a absorber los conocimientos del mundo que los rodea.
-Y cómo sabés todo eso? –le pregunté pasmada.
-Créeme, lo sé –me respondió categóricamente, creando en mí la suave sensación de haber encontrado a alguien que me conocía más de lo que yo misma había logrado durante todo este lapso que recorrí torpemente entre especialistas de la memoria y viajes relámpago a mi mundo interior.
-Soy Soledad, y cuando quieras vení a visitarme. Como ya te dije mi casa está allá, es la única así que no te vas a confundir. Te espero –dijo a modo de despedida mientras se incorporaba y rápidamente se alejó hasta desaparecer detrás del médano que escondía su hogar.





Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Yo ya te conozco – Lovely Luna

3 de septiembre de 2009

Llegó soledad

Los primeros días transcurrieron con total quietud y serenidad…

Limité mi subsistencia en aquel sitio, a las mínimas e imprescindibles visitas al almacén del barrio, las suficientes para atiborrarme de una considerable cantidad de provisiones como para prolongar al tope mi suprema clausura…

Extendí mi solitario hábito y prolongué mis repetidas ceremonias nocturnas. Las semanas pasaron despaciosamente y me fui enamorando del despoblado paraje. Me sentía feliz por primera vez, o al menos era la primera ocasión dichosa que recordaba…

Pero sin quererlo ni provocarlo, dejé de estar sola…



Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Llegó soledad – Alejandro Sanz