25 de septiembre de 2009
Capítulo 68
| Reacciones: |
18 de septiembre de 2009
Tazas de té chino
En el casi año que había transcurrido desde mi accidente, apenas me había detenido a pensar en mi persona en relación a los otros. Si era interesante o inteligente, o si algo de mí destacaba ante la vista de los demás, nunca me interesó, sólo tuve tiempo para observarme a mí misma, primero ocupada en odiarme por lo que me había pasado, luego buscando un camino hacia mis recuerdos olvidados y ahora encerrándome en la mayor soledad posible. Ni siquiera la presencia de Marcelo me había hecho salir de mi auto-encierro, no me interesaba más que mi propia opinión de mí misma…
Pero ahora, una desconocida, tomándome desprotegida y por sorpresa, había logrado sacarme de ese lugar. Notaba en mí algo distinto, sus palabras me importaban, me hacían sentir bien. Una sensación sumamente agradable surgió en mi interior…
Al día siguiente, su invitación a visitarla todavía resonaba en mis oídos, pero no sabía como actuar en consecuencia. Pensaba que si iba ese mismo día iba a dar la impresión de estar desesperada por hablar con alguien y ser una molestia, pero si dejaba pasar mucho tiempo parecería una desinteresada. Quedé trabada en mis indecisiones, incapaz de tomar la iniciativa…
Frustrada, pensé en salir cada noche en la misma dirección que el día del encuentro y así provocar otro tropiezo “casual”. Lo intenté tres o cuatro veces y fracasé en cada ocasión, mientras tanto mi ansiedad por verla crecía y me turbaba. No entendía bien que sucedía conmigo…
Finalmente, opté por lo más simple (algo que seguramente debería haber hecho desde un principio) y juntando coraje fui hacia su casa…
Llegué cuando el sol estaba a punto de desaparecer por completo. No fue difícil encontrar su hogar, ya que era la única construcción en varios metros a la redonda. Era una vivienda simple pero muy agradable y cómoda. Ella estaba sentada en el umbral, leyendo un libro...
Al verme llegar, sonrió y me dijo:
-Hola, pensé que no ibas a venir nunca!
No pude disimular un creciente rubor en mis mejillas fruto de una timidez desconocida.
-Es que estuve ocupada y no pude venir antes –mentí.
Entramos, Soledad fue a preparar el té y yo me senté en un sillón frente a un ventanal contemplando el mar (su casa era bastante más grande que la mía)…
-Qué estabas leyendo? –le pregunté.
Salió de mi campo visual en dirección a otra habitación y regresó con otro libro en sus manos…
-Tomá –me dijo- este es Kitchen de Banana Yoshimoto, léelo que es hermoso y además es una excelente introducción al universo literario japonés, si te gusta después puedo prestarte otros.
Así comenzó, tal como me había anticipado Soledad, mi descubrimiento de la apasionante cultura oriental…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Tazas de té chino – Don Cornelio y
| Reacciones: |
11 de septiembre de 2009
Yo ya te conozco
Un anochecer, salí a caminar por la playa. Transité la sinuosa orilla dejando que el ir y venir del agua marítima salpicara mis pies, hasta que llegué a un inmenso sector en el que no se divisaban ni médanos ni arbustos, sólo la arena inagotable. Me instalé para apreciar la ilimitada visión del oscuro océano, tenuamente iluminado por mi homónimo satélite. Cerré mis ojos y me recosté…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Yo ya te conozco – Lovely Luna
| Reacciones: |
3 de septiembre de 2009
Llegó soledad
Los primeros días transcurrieron con total quietud y serenidad…
Limité mi subsistencia en aquel sitio, a las mínimas e imprescindibles visitas al almacén del barrio, las suficientes para atiborrarme de una considerable cantidad de provisiones como para prolongar al tope mi suprema clausura…
Extendí mi solitario hábito y prolongué mis repetidas ceremonias nocturnas. Las semanas pasaron despaciosamente y me fui enamorando del despoblado paraje. Me sentía feliz por primera vez, o al menos era la primera ocasión dichosa que recordaba…
Pero sin quererlo ni provocarlo, dejé de estar sola…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Llegó soledad – Alejandro Sanz
| Reacciones: |
1 de septiembre de 2009
Fusión
Recobré la conciencia activa y entendí, que como siempre, había perdido la noción temporal. La noche se alzaba en su esplendor sobre mi cabeza. Ya no lloviznaba. Incluso, las oscuras nubes habían cedido paso a un firmamento diáfano poblado de infinitas estrellas dominadas por una redonda y perfecta luna llena…
Me impresionó su enorme tamaño y pensé que si estiraba al máximo el largo de mi brazo y cada uno de mis finos dedos alcanzaría a tocarla. Su luminiscencia era aún más blanca que en mi departamento y me cubría por completo dándome una apariencia fantasmal…
Fantaseé con lo que podría pensar algún lugareño si pasara por la calle y contemplara a una joven de aspecto infantil, largo y lacio pelo negro, tan oscuro que contrastaba intensamente con una piel tersa y cristalina, cuya palidez -intensificada al límite por el efecto del baño lunar- transformaba su aspecto otorgándole una transparencia aterradora, creando así una magnífica ilusión espectral…
Imaginé a mi yo actual poniéndose de pie y separándose de mi cuerpo hueco para alejarse unos metros y poder observar a aquella inerte niña/mujer conformada en su totalidad por el vacío de una existencia borrada de golpe por el desprejuiciado e imprudente destino…
En el mismo instante en que giraba para mirarla, una poderosa corriente salió disparada de la débil figura y se dirigió directamente hacia mí, impactando con toda su fuerza en mi pecho y causándome un estremecimiento tan grande que paralizó cada molécula de mi alma. Estuve tratando de recuperarme del shock durante un interminable lapso y cuando al fin lo logré, posé la mirada en mi otro yo…
Lo que ví entonces me causó tanta tristeza que tuve que hacer un gran esfuerzo para no largarme a llorar eternamente…
Sin embargo, a medida que fui calmándome, un piadoso sentimiento para con la inválida y desprotegida muchacha nació dentro mío. Me acerqué con mucho cuidado, el deseo de reconciliarme con ella crecía velozmente en mi interior. Me agaché a pocos centímetros de mi propia y extraña imagen, tan cerca que casi podíamos volver a fundirnos en la única persona que nunca deberíamos haber dejado de ser…
Con esta certeza recién adquirida, pude incorporar la idea de una pacificación entre ambas, y tal noción me reconfortó plenamente. Y en esa novedosa premonición de una futura unión que implicaba también la reconciliación con mi antiguo ayer, concilié el más profundo sueño…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Fusión – Jorge Drexler
| Reacciones: |


