La primera jornada fue gobernada por una fina e insistente llovizna. Al partir Marcelo, me quedé ordenando un poco mi nuevo hábitat. Acomodé los alimentos que compramos esa tarde en las escasas alacenas y me preparé una comida frugal y liviana. Después de cenar, lavé los utensilios y me senté en el umbral…
Permanecí absorta en diversos pensamientos mientras contemplaba el frío paisaje otoñal. Vagué por numerosos espacios de mi mente y me hallé de pronto intentando excavar los sectores de mi corteza cerebral encargados de almacenar los recuerdos. Creí que si había perdido tantos meses fracasando constantemente con especializados profesionales, perder unos instantes con mi propia expedición no le haría mal a nadie…
Al principio de mi viaje me crucé con toda la información reciente que ocupaba la epidermis memorial. Decidida, me sumergí más adentro y traspasé la estrepitosa tormenta de mi último año y me asomé a una árida y desértica llanura. Hasta dónde alcanzaba a divisar no se veía un fin delimitado y el horizonte se presentaba inalcanzable. Comprendí que estaba en el inconmensurable y borroso vacío de mi pasado. Una monotonía uniforme reinaba allí, sólo interrumpida por infinitos y pequeños e imperceptibles huecos que formaban dolorosas cicatrices. Supe que curar semejante panorama sería un trabajo que exigiría muchísima paciencia y una dedicación extrema. Pero si algo me sobraba era tiempo para aprender a ser paciente, el aislamiento necesario para dedicarme a ello al extremo y además acababa de descubrir el camino hacia el desierto de mi memoria…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Travelling without moving - Jamiroquai
Lo primero que ví al despertar fue un intenso resplandor que penetraba por la ventana y me daba directamente en el rostro, inmediatamente me cubrí con la palma de mis manos y froté mis doloridos ojos tratando de calmar la creciente molestia que me inundó. Miré hacia fuera y descubrí un recién nacido amanecer, me sorprendí al comprender que los rayos solares eran sumamente suaves e inofensivos, evidentemente mi comportamiento noctámbulo debilitó considerablemente mi resistencia a la exposición solar…
Tardé algunos segundos en traer a mi conciencia el recuerdo de lo sucedido durante la noche y al lograrlo me sobresalté nuevamente. Sacudí mi cabeza para alejar la horrible sensación que acababa de experimentar y observé la habitación tenuemente iluminada. Allí ví que Marcelo seguía plácidamente dormido en idéntica postura. Al verlo parecía que nada raro hubiera pasado y su notoria paz me contagió devolviéndome la tranquilidad perdida. Quizás lo otro fue fruto de mi rica imaginación…
El día transcurrió con total normalidad y me fui olvidando de ese extraño suceso. Marcelo partió antes del atardecer y así comencé mi tan ansiado camino hacia la más absoluta soledad…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Wake up alone - Amy Winehouse
No hace falta aclarar que el auxilio llegó, y luego a la distancia de los hechos me sentí avergonzada de la cantidad de veces que llegó, pero en ese momento no percibía más que mi propia necesidad…
Marcelo me llevó a una pequeña casa que tenía en la costa atlántica bonaerense, muy cerca del mar, en uno de esos pueblos que explotan durante el verano y se convierten en fantasmales en invierno. Para mi fortuna, estábamos llegando a finales del otoño de 1998, la situación ideal. Llegamos un lluvioso sábado por la tarde. La casita tenía un sólo ambiente, un baño chico y una diminuta cocina. No tenía teléfono. Era justo lo que necesitaba…
Se hizo tarde y enseguida noté su cansancio producido por conducir varias horas. Le dije que no quería que se fuera, que era peligroso que volviera a esa hora y cansado, y le pedí que se quedara conmigo esa noche. Así, sin darme cuenta, tuve el primer gesto desprovisto de egoísmo después de mucho tiempo, tanto que obviamente no lo recordaba. Su rostro se iluminó al oírme, se hizo evidente su satisfacción al recibir por primera vez de mi parte una muestra de registro de su existencia que no tuviera que ver con mi imperiosa necesidad de ayuda. Me dijo que no entrábamos ambos, que no le parecía correcto que durmiéramos en la misma habitación y que se iría a algún hotel. Con una asombrosa falta de tacto y delicadeza le contesté que dejara de romper las pelotas, que ya había hecho infinidad de cosas por mí y que no iba a pasar nada porque compartiéramos el único ambiente disponible. Como es común en las casas estivales, la única cama de una plaza disponible, tenía un elástico debajo para estos casos, no era tan complicado el tema. Comimos una cena ligera y nos dispusimos a dormir. Tal como suponía, Marcelo cayó rendido por el sueño y yo acostumbrada a la trasnoche estaba completamente desvelada. Entonces decidí dar un paseo…
Cubrí mi pijama con una gruesa campera, me calcé unas zapatillas de jogging y salí. Sólo 130 mts. separaban la costa de la casa, ya no llovía y en el aire podía olerse la humedad de la tierra. Caminé directamente hacia la playa y al pisarla me descalcé. La suave y fresca sensación me produjo varios escalofríos, pero una vez adaptada disfruté plenamente del contacto con la arena húmeda. Dibujé diversas formas insignificantes con mis pies y cuando me aburrí, me senté a contemplar el mar…
El cielo estaba nublado y reinaba una amigable oscuridad que me hizo sentir como en casa. La brisa marina rozaba mis fríos pómulos y algunas atrevidas olas llegaban hasta mí remojando mis dedos. Cerré los ojos y me dispuse a oír los sonidos del lugar. Inmediatamente escuché el ruido constante del oleaje, de vez en cuando un ave lugareña me anunciaba su pertenencia al paraje irrumpido por mí, poco a poco nuevos y diversas voces de la naturaleza fueron llegando a mis tímpanos, como si cada elemento tuviera su propio lenguaje. Pude escuchar que quejido lastimoso de los juncos por el permanente castigo del viento, el minúsculo movimiento de los granos de arena que cedían su lugar ante la fuerte presión de mis pies, el laborioso proceso iniciado por la tierra para remover las gotas dejadas por la reciente lluvia y dar lugar a nuevas partículas secas para recibir el futuro amanecer, el lento pero incesante avance de la marea en un desesperado intento de borrar los rastros de la costa para siempre…
Permanecí estática un largo rato, disfrutando de esa nueva y encantadora experiencia…
Al volver a la casa, Marcelo continuaba durmiendo como si de eso dependiera el universo entero. Me senté en mi cama y lo contemplé. Me di cuenta que nunca me había detenido a observarlo, noté su acompasada y rítmica respiración, al dormir adoptó una posición fetal y despertaba mis más profundos y desconocidos instintos maternales. Continué descubriendo esos detalles que se perdían a simple vista y empecé a percibir lo impalpable, lo invisible, lo que sólo la negra profundidad trae a la superficie. Me hallaba absolutamente ensimismada en su distinción cuando fui consumida por la indudable percepción de una presencia maligna detrás de mí. No alcancé a girar y sentí una intensa y dolorosa punzada en mi cerebro y me desvanecí…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Playas oscuras – Los Visitantes
Mis aventuras nocturnas eran difíciles de entender, y como consecuencia de ellas mi vida solar se redujo al mínimo indispensable, continué con mis tratamientos convencionales ya que quería combinar lo mejor de ambas partes para así obtener una mejor y rápida solución…
Al trasnochar prácticamente a diario, disminuí los encuentros con Marcelo (quién llevaba una vida de horarios laborales normales) al mínimo sin poder explicarle con exactitud los motivos de mis ojeras, mi cansancio y mi permanente somnolencia. Afortunadamente él confiaba ciegamente en mí y no insistió en ahondar sobre los detalles de este cambio radical en mi conducta, simplemente se conformó con un par de evasivas y aceptó esta nueva situación sin más que una tibia resistencia que no me costó vencer…
Claro que el mentirle me provocaba cierta incomodidad pero no veía la forma racional de expresar con palabras lo que me sucedía en la intimidad de la madrugada y menos que alguien externo a mí pudiera entenderlo. Además todavía creía que debía priorizar mi individualidad y no me sentía lo suficientemente fuerte para abrir mi corazón a nadie…
Seguí teniendo recuerdos incongruentes y me encontré en innumerables ocasiones frente a un callejón sin salida. La paz de la noche contrastaba violentamente con las frustrantes sesiones del día. Debí mantenerme fuertemente enfocada para no abandonar definitivamente toda actividad diurna y abocarme sólo al placer causado por el estático silencio nocturno…
Pese a mis esfuerzos, mi concentración no duró mucho y finalmente, después de chocar una y otra vez con imágenes infructuosas y sin sentido, en un ataque de furia incontenible abandoné las terapias para encerrarme en la mayor soledad posible. Restaba aún resolver la situación práctica que me permitiera llevar a cabo una clase de retiro espiritual, sólo que en lugar de retirarme a rezar yo quería aislarme para profundizar mi contacto lunar…
Evalué en un breve momento de profunda inconciencia la posibilidad de simplemente dejar la comodidad de mi hogar y transformarme en una especie de vagabunda, pero tan fugazmente como llegó a mi mente, deseché esa idea y siguió su camino hasta desaparecer. Intenté pensar diferentes alternativas para llevar adelante mi plan, pero todas caían infructuosamente en la nada por numerosas y concretas imposibilidades. Evidentemente no estaba lista para ser independiente y valerme por mí misma. Pero necesitaba el cambio, era imperioso irme a otro lado y aislarme del mundo…
Una vez más debí solicitar su auxilio…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Cambios – Diego Monachelli
Durante el día, que comenzaba generalmente tarde, no lograba encontrar ningún espacio íntimo similar al de la sigilosa quietud de la noche…
Las horas pasaban como días enteros y así la llegada de la calma nocturna se hacía desear largamente…
Me obligaba a mí misma a realizar las tareas domésticas para mantener mi cuerpo activo y mi mente mínimamente ocupada en otra cosa que no fuera fluir por infinitos pensamientos que en general se ramificaban eternamente y no me conducían a ningún sitio productivo…
Solía salir a caminar por las calles soleadas en busca de sensaciones similares a las vividas durante mis trasnoches, pero el intenso y monótono ruido urbano sólo me producía un hastío dolorosamente real y concreto…
Fui abandonando las actividades bajo la luz solar (salvo para las obligaciones terapéuticas) y comencé a llevar una vida casi vampiresca. Mantenía la rutina hogareña, pero en lugar de hacerlo expuesta a las radiaciones solares, lo hacía bañada por la pálida luz de la luna…
Nuevamente la presencia del cuerpo celeste más cercano a nuestro planeta, cobraba una importancia inusitada en mi vida, como aquel fatídico día en que muté mi pasada existencia por esta otra presente, en el dominaba con su magnífica figura el firmamento estelar. Quizás existía algún misterioso designio que imantaba mi andar terrenal y me llevaba por senderos que inevitablemente acababan frente a ella...
Hasta mi extremadamente blanca piel rechazaba los terribles y poderosos rayos del astro rey, pero abrazaba con regocijo el suave y tenue brillo lunar que irrumpía en mi morada. Entonces sentía como recorría mi cuerpo la pureza de su delicada luz que contagiaba mi alma lavándola de las innumerables y resquebrajadas marcas de división que inundaban mi interior. Se producía entre nosotras una intensa e íntima comunión y cada noche algo de su poderosa magia buscaba un minúsculo resquicio en mí, se alojaba cómo un esperado huésped, permaneciendo siglos allí para luego cambiar su estado migratorio, adoptando así una forma nueva y permanente que cubría con ilimitada paciencia mis recónditas oscuridades transformándolas en radiantes focos incólumes que iluminaban una microscópica e infinita batalla…
Danzábamos inmóviles mientras se limpiaban y curaban mis heridas, elevando mi espíritu y fortaleciendo mi ser…
Comenzaba a creer que el extremo desequilibrio en el que había sido arrojada hace meses iba disminuyendo, encaminándose hacia una saludable y mejor situación de tablas entre mis partes…
Mi oscuridad se veía por primera vez desafiada por una imperceptible pero potente luminosidad que plantaba una firme resistencia y conquistaba en cada lucha nuevos e inhóspitos territorios…
Irónicamente, la silenciosa negrura nocturna, cobró para mí un significado íntimamente relacionado a un proceso curativo de una honda intensidad que me arrastraba hacia la luz. Era en ella que encontré métodos alternativos de sanación. Era en las profundidades de los días grises cuando me penetraba el cuerpo espeso del silencio y en las pálidas noches en que la luna era dueña de todo cuánto sucedía en nuestra dimensión sensorial, su cándido resplandor me bañaba ceremoniosamente…
Sólo parecía cuestión de adoptar una postura de eterna inmovilidad y así soportar que las misteriosas fuerzas nocturnas hicieran su minucioso trabajo en el campo de guerra en que habían convertido mi resquebrajada persona…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Round about midnight - Gotan Project meets Chet Baker
Antes de seguir quiero aclarar que dejar de lado el orgullo implicó tomar una de las decisiones más difíciles. Sumado a eso estaba también mi particular y frágil estado emocional, por ende, si bien acepté la ayuda de Marcelo, impuse algunas condiciones…
Una de ellas fue conservar mi casa como espacio único y personal, completamente aislado del mundo porque simbolizaba para mí un refugio en el que lograba abstraerme y viajar a los rincones más lejanos y aislados de mi interior. Solía aguardar callada y a oscuras las madrugadas cubiertas por negros nubarrones que aumentaban la profundidad de la quietud y que el silencio de mi hogar y el de la ciudad se fundieran en un único y enorme sonido vacío. Cuando el proceso de fusión entre ambos concluía, cerraba los ojos y abría mis sentidos, así lograba percibir el voluminoso hueco cálido y sigiloso que acaba de surgir. Luego ese espacio cedía lentamente su lugar a un gigantesco y espeso cuerpo que iba ocupando toda la habitación. Extendiendo mi mano con cuidado podía acariciar la rugosa superficie que flotaba a mi alrededor. Suavemente mi propio vacío disminuía para permitir la entrada de la callada masa recién formada, y entonces, un ente invisible pero palpable se introducía parsimoniosamente por cada poro de mi piel llenando mi ser y cicatrizando las heridas causadas por la ausencia de sentimientos, por la falta de recuerdos sensoriales, por la inexistencia de las huellas emotivas que alguna vez debieron formar mi carácter. Permanecí inmóvil mucho tiempo, o quizás poco, no sabría decirlo con precisión ya que la noción temporal desaparecía por completo y sólo quedaba la hermosa sensación profunda y tibia que abarcaba mi persona…
Esa extraña e íntima ceremonia, era una de las pocas cosas que aliviaba el peso del vacío inerte que arrastraba conmigo desde el día que desperté postrada en el hospital…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Enjoy the silence – Tori Amos
Sin embargo, mi oscuridad siguió aún por mucho tiempo, y creo que nunca más me abandonaría completamente…
Finalmente, acepté la amistad de Marcelo, primero a regañadientes, pero de a poco fue ganándose mi confianza y mientras mi interior aprendía a aceptar a través de fragmentadas visiones las diferentes etapas de mi ser, mi relación con el mundo exterior fue canalizándose a través de él y comencé a incorporarlo como parte de mi vida…
A medida que el proceso terapéutico daba lentos y pequeños pasos, debí adaptarme a la realidad cotidiana. Llegó el momento en que el dinero que tenía se acabó y debí evaluar la necesidad de reinsertarme en la vida laboral…
Este tema ocupó varias sesiones con mi psiquiatra ya que no me sentía mentalmente preparada para relacionarme con el feroz ambiente de una empresa, no tenía ganas de contar mi traumática experiencia una y otra vez a los extraños que se incorporarían a mi círculo, pero tampoco podía ignorarlos, de modo que la única vía de acción era seguir así, manteniendo mi entorno al mínimo…
Dicha decisión aparejaba perder los beneficios derivados del trabajo, que además de los obviamente económicos implicaban la cobertura médica que me había permitido tratarme hasta ese entonces, y encima justo cuando empezaban a vislumbrarse los primeros resultados positivos…
Me ví obligada a hacer frente a la primera decisión importante de mi nueva vida…
Debía aceptar la ayuda económica que Marcelo venía ofreciéndome insistentemente. Seguramente y teniendo en cuenta todo lo ya hecho por mí, parecería fácil entregarme de lleno a su caridad, pero yo no veía el panorama completo y estaba absolutamente encerrada en mi propio mundo interior intentando recuperar mi pasado, en consecuencia mi mirada hacia los demás era mínima y cada decisión que implicara aceptar mi dependencia era tremendamente difícil y dolorosa…
Pero cómo acabo de decir, no quedaba alternativa y lo prioritario eran mis tratamientos, así que me tragué el orgullo y pasé a estar bajo el ala protectora de Marcelo…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Little help - Sigmatropic
Como quizás ya suponen, mientras recuperaba fragmentos de recuerdos, Marcelo continuó cerca mío, apoyándome…
Creo que es necesario aclarar que durante la primera etapa de internación y recuperación ambulatoria yo no lo quería a mi lado, el enojo provocado por mi división interna escupía hacia el exterior lo peor del ser humano, o quizás eso era lo único que llenaba mi vacío en ese entonces…
Así me comporté durante mucho tiempo como una persona insensible, desesperanzada, frustrada, amargada, odiosa e insoportable para los que tuvieran que tratarme, mi lado oscuro me dominaba por completo…
Eché innumerables veces a Marcelo de mi habitación esgrimiendo todos los motivos que se les puedan ocurrir, casi en su totalidad falsos e inexistentes…
Soportó todas y cada una de mis explosiones y aún cuando yo le decía que no tenía porqué hacerlo, que no abrigaba ninguna obligación para conmigo, que era penoso que se dejara humillar por alguien detestable como yo y que si algo de sangre corría por sus venas y conservaba un poco de autoestima, debía mandarme al demonio y dejar que me pudra en ese hospital para siempre, él una y otra vez me contestaba que no era mi culpa ser así, que ese no era mi verdadero yo, que era producto de la fractura interna que había sufrido mi alma, que él sabía y estaba completa y absolutamente seguro que mi esencia no era esa…
A pesar su insistencia, yo no podía aceptar sus palabras por la simple y concreta realidad de sentir permanentemente presente en mi interior la fractura de mi ser…
Sólo cuándo por primera vez capté el reflejo de la niña perdida en mi mente y sentí la suavidad de su pequeño ser, un ínfimo destello encendió la parte apagada de mi persona y silenciosamente algo se activó y puso en funcionamiento una muy lenta fusión entre el pasado dulce y lejano con el presente frío y rocoso de mi alma…
Fue recién entonces cuando las palabras de Marcelo dejaron de rebotar sin sentido en el hueco vacío de mi corazón y comenzaron a cobrar algún significado…
Todavía no creí encontrar algo bueno en mi ser, pero al notar por primera vez la pureza de la niña que habitaba en mis recuerdos, una calidez minúscula pero perceptible invadió mis entrañas dándome la primera señal de esperanza hacia una posible reconstrucción de mi resquebrajado interior…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): The darkside – US3
Nací un 19 de junio de 1976 y como la niña que vi tenía aproximadamente 3 años, mi recuerdo debió haber tenido lugar entre los años 1979 y 1980, a finales del proceso militar…
Luego de comprender lo sucedido con mis padres, el sentimiento de partición entre mi yo actual y el anterior comenzó a disminuir, o mejor dicho, empecé a reconciliarme lentamente con mi infancia, no así con mi nebuloso y cercano pasado…
Es importante aclarar que no todas las sesiones lograban traer recuerdos tan claros como el episodio del armario, en general sólo eran imágenes muy rápidas tipo flashes y mayormente no lograba encontrarles ningún sentido, y por supuesto no respetaban un orden cronológico alguno, era muy común el salto de mi adolescencia a mi infancia sin mediar aviso previo…
Era como ver una película montada por un mono demente, en la que la protagonista iba a la secundaria antes de ir al jardín e inmediatamente pasaba de la sala rosa a su debut sexual para terminar lactante en los brazos de su madre…
Por ende, rearmar la historia de mi vida era una tarea ciclópea que me llevaría meses, quizás años…
Pese a todo, lo positivo era que comenzaba a unirme muy lentamente y eso curaba mi brecha interna y disminuía mi odio hacia mi yo niña, lo que me daba la esperanza de algún día reconciliarme con la que había provocado mi accidente para dejar de estar fraccionada y volver a ser una…
Sólo era cuestión de armar este complejo rompecabezas…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Rompecabezas - Aterciopelados
La niña tiene alrededor de 3 años, está en una habitación luminosa que parece ser su cuarto rodeada de juguetes, toma alternadamente una muñeca y un muñeco simulando un diálogo entre ellos:
- Muñeca: Hola, soy Cenicienta. - Muñeco: Hola, soy el Príncipe y tengo tu zapatito de cristal. - Muñeca: Que bueno. - Muñeco: Te lo voy a poner.
La niña acerca a ambos y simula que el muñeco calza un zapato en el pie derecho de la muñeca.
- Muñeco: Te queda perfecto! - Muñeca: Sí!!! Es mi zapato de cristal!!! - Muñeco: Quiero que vayamos al castillo del Rey. - Muñeca: Encant…
En ese momento se escucha el estruendoso chirrido de un auto al estacionar. Una mujer entra corriendo nerviosa al cuarto y toma a la pequeña del brazo, mientras la arrastra hacia un ropero le dice:
- Escuchame bien mi amor, es muy importante que hagas lo que te digo. Quiero que juguemos a las escondidas. Vos te vas a esconder en el armario y yo en otro lado, papá está contando en el living, pero es importantísimo que no te encuentre, si no te encuentra ganás y si ganás va a venir la abuela a darte un premio!!
Luego introduce a la niña en el placard, se agacha y la abraza fuertemente mientras una lágrima cae por su mejilla. El breve momento se prolonga como si fuera eterno, hasta que fuertes golpes en la puerta de la casa despiertan a la mujer del trance, entonces se endereza y mira por última vez al interior del ropero, cierra la puerta y sale corriendo. La niña se encoge en la oscuridad y aguza su oído. Escucha voces extrañas en el living de su casa, voces de hombres que gritan durante unos instantes y luego pasos que se dirigen hacia allí. Oye la agitación de alguien que entra en su cuarto y contiene la respiración. Cierra los ojos y espera. Los pasos recorren la habitación y luego se alejan rápidamente. La puerta de calle se cierra con un golpe fuerte y seco. Un auto arranca velozmente y se oye su rápida aceleración. La niña permanece en la segura oscuridad de su ropero, aguardando la llegada de su abuela con el premio que su madre acababa de prometerle.
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Crying game – Boy George
Al salir del hospital comencé a visitar a distintos especialistas, unos trataban de reconstruir mis recuerdos, otros me ayudaban a aceptar psicológica y emocionalmente mi realidad actual y por último todavía me quedaba la última etapa ambulatoria de la recuperación física…
Esta última fue bastante rápida ya que recuperé la movilidad en un período sorprendentemente breve según los entendidos que me atendieron…
Así comencé a ser un poco más independiente y a estar activa y útil, esto me llevó a enfrentar la obligación de reintegrarme a un trabajo que ya no me interesaba, así que en el mismo momento que tuve el alta médica laboral definitiva, renuncié a la agencia…
Durante el extenso lapso hospitalario no tuve prácticamente gastos, así que con el bajo pero suficiente sueldo que recibí, me podía mantener durante un par de meses, eso me daría algo de tiempo para pensar sobre mi futuro…
Mientras reflexionaba sobre mi futuro, el Dr. Reinshold excavaba -casi arqueológicamente- en mi cerebro, intentando rescatar recuerdos borrados de mi erosionado pasado…
Así me sometí a numerosas sesiones hipnóticas, en las que aparecían esporádicamente remotos y breves flashes con imágenes pasadas pero que aún carecían de significado para mí…
En ellas se repetía insistentemente una niña (seguramente mi yo infantil) en diferentes edades, de cabello largo y negro, tez blanca como el marfil, una pequeña y delicada nariz, profundos y negrísimos ojos, boca suave y fina, un conjunto de hermosos rasgos y profunda belleza…
A veces la veía corriendo por playas de la costa atlántica, otras jugando con muñecas, escribiendo cuadernos en clases escolares, peinando su larga cabellera frente al espejo, montando caballos y cebras de alguna calesita barrial, tomando un helado de frutilla y limón, saltando hasta llegar al cielo de la rayuela…
Eran en su mayoría recuerdos felices, en los más viejos –cuando aún era casi un bebé- interactuaba con sus padres, en los otros solía estar siempre sola…
Con el correr de las semanas supe que era hija única, y noté que en todas las imágenes a partir de los 3 años aproximadamente, sus progenitores nunca estaban, esto despertó en mi interior una extraña y molesta sensación de malestar...
Al principio no sabía a que atribuirlo, pero a medida que profundizaba y analizaba el significado de mis recuerdos en mi terapia psicológica con el Lic. Peñalba, el malestar fue transformándose en creciente preocupación y temí que lo peor hubiera pasado…
Hasta que un recuerdo puntual confirmó mis peores sospechas…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Remember Remember - V
Salir al nuevo mundo me llevó exactamente 3 meses, 2 semanas y 6 días desde mi internación…
Era un soleado y caluroso 17 de noviembre de 1997, Marcelo (que a esta altura era mi único contacto con la realidad) se había ofrecido a acompañarme (todavía no habían logrado encontrar a mis parientes –si es que tenía alguno-)…
También él había averiguado (gracias a los documentos que encontraron en el 504) que la que yo había sido alquilaba un departamento céntrico de un ambiente mantenido gracias a un trabajo part-time en una empresa de publicidad, aparentemente mi ser anterior estudiaba diseño gráfico y luego de una pasantía había comenzado a trabajar en una agencia publicitaria…
Durante los 112 días de internación recibí la visita de algunos compañeros de trabajo y algunos otros de la facultad, no fueron muchos ya que al parecer, la futura diseñadora no parecía ser muy sociable…
Todos y cada uno de los visitantes, al encontrarse con mi nuevo y extraño ser, experimentaron una más que evidente incomodidad, algunos trataron de establecer un diálogo, intentaron ser amables, me contaron divertidas anécdotas, pero al notar mi falta total de interés en la persona que había habitado mi cuerpo desistieron y se marcharon, otros más perceptivos, fueron capaces de ver más allá de los rasgos que solían conocer y apreciaron claramente el espacio vacío de mi alma y de mi mente, no intentaron - en vano- hacerme recordar épocas pasadas y luego de unas pocas palabras protocolares salieron de mi vida para siempre…
Con todo esto, el círculo de los que rodearon a la ilustradora se esfumó tan rápidamente como mi memoria y uno nuevo comenzó a gestarse…
Cómo todo círculo se inició a partir de un punto (Marcelo) y fue sólo eso durante algo más de 112 días…
Para alcanzar el tamaño de un botón necesitó otros 473 días aproximadamente, pero para eso todavía falta…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): El círculo – Kevin Johansen
Mientras algo nuevo había nacido en el interior de Marcelo, mi interior continuaba inerte, muerto…
Sólo me sentía un envase vacío que había perdido su fragancia y ni siquiera podía saber cuál era, si olía a rosas, a lavanda, a cuero, a bosque, a bebé o por el contrario a podredumbre, a descomposición, a quemado, a mierda…
En definitiva, tenía que encontrar un nuevo aroma para mi cuerpo, partiendo de la nada, sin orientación alguna…
Debía sepultar la negrura de mi interior para poder así comenzar a llenarlo con imágenes, sonidos, olores, gustos, sensaciones…
Pero si bien el abanico de posibilidades era casi infinito y podía moldear mi nuevo perfume humano jugando a ser Jean Baptiste Grenouille, la falta de memoria sensorial me impedía hacerlo inmediatamente…
Era como un recién nacido que comenzaba a conocer los olores sin asociarlos a ningún concepto específico…
Así debía primero registrar mi alrededor, primero limitado a las paredes que me rodeaban y luego ir saliendo lentamente al nuevo mundo…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Vacío – Licho, Manu e Iguana
Quizás deba dejar de hablar un poco de mí, y hablar de él…
Como ya dije, su nombre es Marcelo, hoy director ejecutivo de una importante empresa multinacional, por aquel entonces gerente de compras…
El 28 de julio de 1997 volvía a su casa, luego de una intensa jornada laboral que se extendió algo más de lo corriente…
Su día había sido normal, con los típicos inconvenientes burocráticos de toda empresa, sin que nada extraordinario le pasara, hasta ese momento…
Conducía su Fiat Fiesta negro recién comprado por las calles suburbanas, cuando al llegar a una esquina vió pasar un 504 rojo a alta velocidad…
Estaba detenido en el semáforo cuando un estrepitoso chirrido de neumáticos, seguido por el sucesivo sonido de vidrios rompiéndose y metal estrellándose contra el concreto cemento de un muro lo sobresaltó repentinamente…
Bajó rápidamente de su auto y corrió los 70 metros que lo separaban del lugar del accidente…
Entonces vió el 504 amasijado contra la pared, la trompa aplastada como un acordeón, el baúl abierto, los vidrios astillados del parabrisa y una mujer joven inconciente y sangrando contra el volante…
En una fracción de segundo pensó en sacarla del vehículo pero aún antes de terminar el pensamiento comprendió que hacer eso podía ser contraproducente…
Tomó el novedoso Star-tac que acababan de darle en la empresa y marcó el número de emergencias…
Luego de algunos minutos que le parecieron eternos llegó la ambulancia, explicó lo que había visto, los enfermeros sacaron a la mujer de entre los hierros retorcidos del vehículo y la subieron a una camilla, pidió que le dijeran a que hospital la trasladaban y volvió a su automóvil para dirigirse hacia allí…
Al llegar ya habían ingresado a la accidentada y se dirigió a la recepción, contó quién era y preguntó por el estado de la chica pero le dijeron que todavía no se sabía nada, que tenía que esperar…
Preso de una creciente angustia -que se apoderaba rápidamente de su persona- y sin saber las razones exactas de tamaña preocupación por una desconocida, decidió (en realidad no puede llamarse decisión a algo que se hace sin cuestionarse ni pensar en las consecuencias) aguardar lo necesario hasta tener alguna información por parte de los médicos…
Sentía que algo estaba a punto de cambiar en si vida, que la rutina diaria a la que estaba sometido hace años acaba de romperse con aquel desgraciado suceso…
Que por algo se había demorado un poco más en la oficina y había llegado al lugar en el momento exacto para ser el único testigo de la tragedia y poder intervenir en el destino de la víctima…
Quería (y sentía que no tenía otra alternativa) seguir por ese camino hasta el final, sin importar las consecuencias, había comenzado un camino nuevo que despertaba en él sensaciones desconocidas…
Algo nuevo había nacido y crecía en su interior…
Banda de sonido (para escuchar mientras se lee): Watch the world burn – Batman – The Dark Knight